6 abr. 2011

Y cuando compro un libro, ¿a dónde va mi dinero?

A veces los lectores confundimos ciertos conceptos que dañan a los autores y, gente, esa no es mi intención. Para aclarar ciertos puntos está esta entrada. Si tenéis dudas, me escribís comentarios y os contestaré como buenamente pueda.

Aclaración: no trabajo en una editorial ni soy autora (me encantaría, pero esas dos brevas no acaba de caer). Simplemente conozco un poco el mundillo.

Aquí empieza la chicha:

Cuando compramos un libro, aquí en España, el autor suele tener de beneficio entre un 8 y un 10% de la venta del libro. Es decir, que de 20 euros que puede costar un ejemplar, el autor se llevará, si tiene suerte, 2 eurillos.

¿Que qué pasa con el 90% restante? Pues varias cosas:

- Librero: un 30%, que destina a pagar a los empleados, el alquiler del local, el mantenimiento de las instalaciones (electricidad, agua, limpieza...) y para beneficio personal o de la empresa (que también son seres humanos que quieren comer a fin de mes).

- Distribuidor: otro 30%, que destina a los camiones de transporte, naves industriales y locales en las ciudades para guardar los ejemplares de múltiples editoriales, mantenimiento de todos los locales, salario de empleados, etc.

- Traductor (si el libro está traducido): cerca de un 8% (de esto no estoy totalmente segura, pero sí sé que hay contratos por obra y servicio, es decir, que al traductor se le puede pagar por porcentaje o con una cantidad fija por el trabajo realizado). Para el que no lo entienda, a los traductores se los considera también una especie de autores, ya que son los encargados del texto en un idioma distinto del original. Es casi como volver a crear la obra pero sin desvirtuar la redacción original. Es francamente difícil hacerlo bien (¿cómo traduciríais al inglés "yo libro los lunes"? ¿"I book on Mondays"?).

- Editor: se lleva el resto del porcentaje, que destina a pagar (si es buen editor) al maquetador, al corrector de estilo, al corrector ortotipográfico, al diseñador/ilustrador, el ISBN, el Depósito Legal, impuestos (libro impreso: 4% de IVA de cada ejemplar; libro electrónico: 18% de IVA de cada ejemplar, ¡tócate las pelotas, Mari Loles!), a la imprenta (para que os hagáis una idea, un ejemplar impreso puede costar 1,5 euros, pero esto depende mucho del número total de ejemplares), mantenimiento del local si lo tiene (electricidad, agua, etc.), licencias de software, etc. Y aún le tiene que dar para alimentarse.

Estos datos son relativos, pero bastante fiables, creedme. Aunque siempre van a depender un poco de la editorial (no es lo mismo Santillana que una pequeña), del distribuidor (si es majete, hará rebaja), del librero (La Casa del Libro y El Corte Inglés igual se quedan un pellizco mayor) o del autor (no veo a un premio Nobel solamente con un 10%).

Es decir, que el auge de Internet y el tráfico de libros pirateados están provocando que un sistema del que se alimenta un buen porcentaje de población, incluidos los propios autores (esas personas que tanto nos ayudan cuando queremos evadirnos), caiga en picado.

Publicar un libro siempre ha sido un riesgo, porque es invertir dinero y esfuerzo en algo que no sabes si al público le va a gustar. Pero es que actualmente las editoriales están en la cuerda floja. Prueba de ello es que cada vez hay menos gente que compre libros impresos y las editoriales no publican tantos libros electrónicos como debieran por dos razones muy simples:

- Siguen aferrados al pasado. ¡Ay, eso de oler un libro abierto no tiene precio! Al parecer, que la gente tenga cada vez menos espacio en sus casas no lo piensan.

- Les da miedo que los libros anden por ahí sueltos al alcance de todos de manera que su esfuerzo no valga para nada, ni siquiera para sufragar gastos ni recompensar al autor por su enorme esfuerzo.

Da qué pensar.

Ahora mismo hay muchos autores que distribuyen gratuitamente sus libros por Internet (me refiero a aquellos que cuelgan su pdf en páginas de publicación gratuitas), pero no pasan ningún tipo de filtro. Por lo menos si compras un libro (o lees un libro pirateado a una editorial) sabes que alguien se lo ha leído antes y ha pasado un visto bueno. La obra te puede gustar más o menos, pero por cada libro que hay editado, hay personas/editores que te han quitado mucha basura del medio (sí, ya sé, siempre hay obras buenas que no se seleccionan, ¡pero son las que confirman la regla!).

P.D.: Si queréis saber sobre autores que venden sus obras por otras vías, Amante habló de una que se está haciendo de oro en esta entrada.

26 mar. 2011

24 mar. 2011

La Ward y el merchandising no se llevan bien




Y digo yo, ¿para qué sacar un merchandising que todas estábamos esperando para decepcionar a la peña? Pues es que o la Ward tiene el gusto en el ..., o es que los diseñadores que la rodean no tienen ni idea de lo que compraría la gente.

Algunos ejemplos...


Personalmente tengo que decir que quiero una daga en miniatura, y lo único parecido que encuentro es una foto impresa en un llavero o en un colgante, pero nada de la daguita de metal que tanta ilusión me hacía.


Yeah, baby!


¿Alguien que se haya leído la Hermandad en inglés sabe de dónde sale la frase "You feel me?"? ¿Viene de lo que mi mente calenturienta se imagina?





Me ha llamado la atención una cosa tonta, pero que te confirma que esto lo hicieron con prisa y sin revisar. Resulta que en unas tazas pone "My Hellren Loves me." y en otras pone "My Shellan loves me.", ¿qué diferencia hay? Creo que, tanto en inglés como en castellano, dentro de una misma frase no se le pone mayúscula a una palabra que no la lleva y, en la taza de "My Hellren Loves me." han puesto el verbo con mayúscula inicial, mientras que en la de "My Shellan loves me." lo han escrito correctamente. ¿No han descubierto todavía el copy/paste o es que se lo ha corregido el Word automáticamente al haber un salto de línea? Lo que sí está claro es que no lo han corregido antes de la impresión de las tacitas.

Tacicas con falta de ortografía.


Eso sí, me han hecho mucha gracia los delantales que tienen que ver con Fritz. Uno con un plumero y el otro con la frase "Spinach crepes anyone?" (traducción "¿Crepes de espinacas para alguien?").

Fritz en su salsa.
¡Yo, yo, yo!


En fin, yo no me imagino a los hermanos y sus shellans usando estas cosas. Aquí os dejo el enlace a la página para que le echéis un ojo, disfrutéis o despotriquéis: http://www.cafepress.com/BDBMerchandise

¡Arriba La Hermandad (y allegados)!


5 mar. 2011

¿Quién es...

...JAID BLACK?


¿Qué sabor tendrá...
lo azul del pastel?
Pues es el pseudónimo por el que se conoce a la mujer que aparece en la foto. Si su cara no te suena, decirte que, según su web, tiene 38 años, 2 hijas, 6 perros y 4 gatos. ¿Por qué hablamos de ella? Porque se trata de Tina M. Engler, fundadora y propietaria de Ellora's Cave, sello editorial especializado en esas novelas románticas de alto contenido erótico -decir "alto" es quedarse corto- que a todas nos gustan (que nadie se atreva a negarlo). Según se dice por internet, esta mujer escribió una serie de novelas que ningún editor quería publicar, así que creó una web para vender sus obras en formato electrónico. Obviamente, el éxito fue rotundo. Ahora publica también en papel, vende más de 200 títulos de otros autores y su página recibe la friolera de 400 000 visitas al mes. Tiene multitud de premios, el que me resulta más curioso es el Henry Miller Award por la mejor escena literaria sexual escrita en inglés. Todavía no sé de qué escena se trata.
En España, la editorial El tercer nombre llegó a un acuerdo para publicar 24 obras (que yo sepa) con el sello de La cueva de Ellora y su propia página vende e-books en español, pero por lo que se ve, no tienen una buena traducción.
Aquí dejo un resumen de lo que la autora escribe:


Saga Trek Mi Q'an:

No es Star Trek, pero también va de gente que vive y se traslada por sistemas planetarios distintos al de la Tierra. Sí, son alienígenas, guerreros intergalácticos grandes, muyyyy grandes, tooodo lo tienen grande y sus costumbres son un tanto... pues imaginad. Lo romántico está en que sólo tienen una compañera en la vida y si hace falta irse a la Tierra a cazarla, pues se va.

Esta portada es de la guía de esta saga, en ella puedes aprender el idioma que hablan, ver los mapas de sus planetas, sus costumbres, etc. Vamos, lo que viene siendo una guía cultural. Que yo sepa no está traducido por ningún sitio.


Saga Vikingos (Warlords of the Viking Underground):
Hace siglos, por una profecía, un montón de pueblos vikingos emigraron a las zonas subterráneas del Ártico y, con el tiempo, crearon Nueva Suecia, Nueva Dinamarca y Nueva Noruega. Tenían prohibido salir al exterior... salvo para ir a cazar mujeres, que por lo que se ve o escaseaban o eran familia. La portada es de la novela que empieza la serie. Y sí, está traducida esta y las siguientes (pero creo que no todas).




Bajo el pseudónimo de Tia Isabella:


Que yo sepa, sólo está en castellano el libro Después de la tormenta: Dos americanas que viajan en el tiempo por culpa de un fenómeno climático a la Escocia del s.xiv. Por supuesto, cada una encontrará a su amor mientras todos se las arreglan entre las rivalidades de los distintos clanes. ¡Spoiler!: ¿Sabes cómo daban a luz las mujeres de antaño? Pues igual que ahora, gritando y maldiciendo.






Novelas independientes:
Pues la autora tiene un montón. Muchas están traducidas y muchas otras no, la mayoría te las encuentras en antologías. La imagen es la portada de una en la que se recoge Lo mejor de Jaid Black. No sé si es de lo mejor, pero los tres relatos tienen algo en común... para saberlo, pues... Keep reading!!! 

27 feb. 2011

Me gustan tus colmillos

Mucha gente dice estar harta de los vampiros porque ahora te los encuentras hasta en la sopa. Y es verdad. Pero si escribo esto es porque estaba pensando (de vez en cuando lo hago) y he llegado a la conclusión de que todo se debe a la literatura romántica. Vaya, no he descubierto América, pero me hace gracia que un género tan denostado y criticado produzca millones de montones de dinero.
Hasta hace unos años, si te gustaba la temática vampírica eras un rarito entre el montón de los raritos. Hoy en día, si lees sobre vampiros -y por extensión, sobre cualquier cosa con colmillos tipo hombre lobo, hombre tigre, etc.-, formas parte de una horda ansiosa y sedienta. Los colmillos están de moda ergo los colmillos dan dinero. Las editoriales, empresas en crisis permanente, no han dudado en subir al carro de la fortuna y llevan años retroalimentando este gusto con cualquier herramienta que tengan a mano: desde manuales sobre cómo ligar con un vampiro a best-sellers convertidos en guiones potenciales, pasando por el reciclaje de autores que abandonan su temática habitual para adentrarse en el lado oscuro.




Yo, si soy sincera, estoy encantada. Antes era una rarita, ahora estoy a la última. Bromas aparte, me pregunto qué diría Bram Stoker (Drácula) si levantara cabeza o, ya puestos, si el doctor John William Polidori (El vampiro) sabía lo que comenzaba aquella noche llena de monstruos –por si alguien no lo sabe, Polidori escribió sobre el primer vampiro romántico de la historia mientras, en la habitación de al lado, Mary Shelley creaba a Frankenstein–.
Lo que esta gente consiguió, allá por el s.xix, es demostrarnos que hasta el monstruo más aterrador tiene su corazoncito, que palpite o no es cuestión de gustos. Polidori dotó al vampiro de una fachada que hacía desmayar a las damas y no precisamente de miedo, por su parte, Stoker nos enseñó que su existencia se debía a una apasionada historia de amor. Con estos ingredientes, ¿a quién le extraña que el vampiro pulule como un rey por las novelas románticas?
Desde entonces, se ha pasado de tener que salvar al vampiro de su propia naturaleza a tener que suplicar por el privilegio de unirse a su bando.
Todo el mundo esboza una sonrisa cuando piensa en Bela Lugosi con su capa -evidentemente, Nosferatu es el feo de la familia-, pero hay que ver cuánta gente suspiró con el Banderas y el Pitt en Entrevista con el vampiro de Anne Rice o suspiran ahora por la palidez de Robert Pattinson, por no hablar del elenco de True Blood.




La cosa está más clara que el agua, los colmillos son sexys, en una palabra, fangtásticos.