13 sept. 2010

¿Te compras un libro por la portada? (Parte 1)


Está claro que no se puede juzgar un libro por su portada, ya se sabe, la belleza está en el interior y todas esas cosas. Sin embargo, la mayoría de las veces te avisa de lo que te vas a encontrar y eso también lo saben las editoriales. Hay portadas neutras, bonitas, espeluznantes… cualquier adjetivo que se te ocurra. Pero si hay una portada que te indique de manera obvia y con luces de neón de qué va el libro, ésa es la del libro romántico – y la del libro de fantasía, pero hoy no hablaremos de éstas –. Prácticamente se puede decir que si has visto una, has visto todas. ¿O eso era antes?


El cuero en la siguiente entrada.
Si nos vamos a las novelas románticas al uso, a las de toda la vida, vemos que las portadas parecen hechas con plantilla (ojito, con esto no quiero echar por tierra la labor de a saber cuántos ilustradores y fotógrafos porque su función la cumplen completamente): composiciones de flores, tonos pastel o imitaciones de telas y encajes… todo muy femenino. 
"¡¡Hazme un hijo!!" dijo ella.
Pero las que marcaron el territorio fue el cover estrella: un fondo que nos evoca la época en la que transcurre la historia – desde paisajes marinos, agrestes escoceses o del lejano oeste hasta localizaciones urbanas actuales pasando por jardines propios de la Regencia o época victoriana – y, en primer plano, una pareja viviendo un momento… vamos a decir intenso. Por supuesto, según el grado de osadía del editor, dicha pareja estará vestida o semidesnuda y se mostrarán cuerpos esculturales y sin un gramo de grasa. 

¿Y por qué no
"Amor en la gasolinera"?
Este tipo de portadas han perdurado hasta ahora y es inevitable asociarlas a la editorial Harlequín – inagotable cantera de autoras – y las grandes de la novela romántica histórica como las pioneras Barbara Cartland (inglesa) y Corín Tellado (española) o todas aquellas que han reinado durante años: Jude Deveraux, Johanna Lindsey, Shirlee Busbee, Kathleen Woodiwiss y muchas más que me dejo en el tintero.


Si hemos mencionado a la aristocracia del género, no podemos olvidarnos de la plebe, tooodas esas novelas de baja, baja, pero bajísima calidad que, como buena plebe, han sustentado a muchas editoriales y proliferaron sobre todo en las décadas 70 y 80. Ya te digo yo que proliferaron, que en Estados Unidos son un subgénero con nombre propio: Bodice-ripper. ¿Qué es esto? Pues un juego de palabras para describir un acto: desgarrar (ripper) el corsé o cualquier ropa íntima femenina (bodice). Pues este acto es tan característico de este subgénero que es el que se ve en todas las portadas: chica posando en plan Déjame-soy-una-chica-decente-pero-quítame-la-ropa y chico en actitud Yo-Tarzán-tú-Jane.

Papá Noël no está desnudo, son mallas.
La cara de la chica es un poema.


Jerónimoooooo...
Para quien no consuma este tipo de literatura (y ya que estamos, para muchas, tal vez muchos, de las que consumimos y devoramos estos libros), este tipo de portada es un motivo más para lanzar al escarnio a la novela romántica. No obstante, a muchas personas les encantan y son materia prima de sus fantasías. Llegados a este punto me es imposible no hablar de Fabio, machoman que ha ocupado miles de portadas – como las de las imágenes anteriores –  y encarna la figura del héroe romántico (personalmente no me atrae, lo siento, pero los tíos de pelo largo no me van). Como se puede ver, Fabio es el rey en estos menesteres y, yo no sé si es de tanto posar para ellas, ahora también escribe novelas de este género. Of course, él centra y acapara toda la portada, bien como vikingo bien como pirata.  

Continuará... 

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