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24 mar 2011

La Ward y el merchandising no se llevan bien




Y digo yo, ¿para qué sacar un merchandising que todas estábamos esperando para decepcionar a la peña? Pues es que o la Ward tiene el gusto en el ..., o es que los diseñadores que la rodean no tienen ni idea de lo que compraría la gente.

Algunos ejemplos...


Personalmente tengo que decir que quiero una daga en miniatura, y lo único parecido que encuentro es una foto impresa en un llavero o en un colgante, pero nada de la daguita de metal que tanta ilusión me hacía.


Yeah, baby!


¿Alguien que se haya leído la Hermandad en inglés sabe de dónde sale la frase "You feel me?"? ¿Viene de lo que mi mente calenturienta se imagina?





Me ha llamado la atención una cosa tonta, pero que te confirma que esto lo hicieron con prisa y sin revisar. Resulta que en unas tazas pone "My Hellren Loves me." y en otras pone "My Shellan loves me.", ¿qué diferencia hay? Creo que, tanto en inglés como en castellano, dentro de una misma frase no se le pone mayúscula a una palabra que no la lleva y, en la taza de "My Hellren Loves me." han puesto el verbo con mayúscula inicial, mientras que en la de "My Shellan loves me." lo han escrito correctamente. ¿No han descubierto todavía el copy/paste o es que se lo ha corregido el Word automáticamente al haber un salto de línea? Lo que sí está claro es que no lo han corregido antes de la impresión de las tacitas.

Tacicas con falta de ortografía.


Eso sí, me han hecho mucha gracia los delantales que tienen que ver con Fritz. Uno con un plumero y el otro con la frase "Spinach crepes anyone?" (traducción "¿Crepes de espinacas para alguien?").

Fritz en su salsa.
¡Yo, yo, yo!


En fin, yo no me imagino a los hermanos y sus shellans usando estas cosas. Aquí os dejo el enlace a la página para que le echéis un ojo, disfrutéis o despotriquéis: http://www.cafepress.com/BDBMerchandise

¡Arriba La Hermandad (y allegados)!


27 feb 2011

Me gustan tus colmillos

Mucha gente dice estar harta de los vampiros porque ahora te los encuentras hasta en la sopa. Y es verdad. Pero si escribo esto es porque estaba pensando (de vez en cuando lo hago) y he llegado a la conclusión de que todo se debe a la literatura romántica. Vaya, no he descubierto América, pero me hace gracia que un género tan denostado y criticado produzca millones de montones de dinero.
Hasta hace unos años, si te gustaba la temática vampírica eras un rarito entre el montón de los raritos. Hoy en día, si lees sobre vampiros -y por extensión, sobre cualquier cosa con colmillos tipo hombre lobo, hombre tigre, etc.-, formas parte de una horda ansiosa y sedienta. Los colmillos están de moda ergo los colmillos dan dinero. Las editoriales, empresas en crisis permanente, no han dudado en subir al carro de la fortuna y llevan años retroalimentando este gusto con cualquier herramienta que tengan a mano: desde manuales sobre cómo ligar con un vampiro a best-sellers convertidos en guiones potenciales, pasando por el reciclaje de autores que abandonan su temática habitual para adentrarse en el lado oscuro.




Yo, si soy sincera, estoy encantada. Antes era una rarita, ahora estoy a la última. Bromas aparte, me pregunto qué diría Bram Stoker (Drácula) si levantara cabeza o, ya puestos, si el doctor John William Polidori (El vampiro) sabía lo que comenzaba aquella noche llena de monstruos –por si alguien no lo sabe, Polidori escribió sobre el primer vampiro romántico de la historia mientras, en la habitación de al lado, Mary Shelley creaba a Frankenstein–.
Lo que esta gente consiguió, allá por el s.xix, es demostrarnos que hasta el monstruo más aterrador tiene su corazoncito, que palpite o no es cuestión de gustos. Polidori dotó al vampiro de una fachada que hacía desmayar a las damas y no precisamente de miedo, por su parte, Stoker nos enseñó que su existencia se debía a una apasionada historia de amor. Con estos ingredientes, ¿a quién le extraña que el vampiro pulule como un rey por las novelas románticas?
Desde entonces, se ha pasado de tener que salvar al vampiro de su propia naturaleza a tener que suplicar por el privilegio de unirse a su bando.
Todo el mundo esboza una sonrisa cuando piensa en Bela Lugosi con su capa -evidentemente, Nosferatu es el feo de la familia-, pero hay que ver cuánta gente suspiró con el Banderas y el Pitt en Entrevista con el vampiro de Anne Rice o suspiran ahora por la palidez de Robert Pattinson, por no hablar del elenco de True Blood.




La cosa está más clara que el agua, los colmillos son sexys, en una palabra, fangtásticos. 

19 feb 2011

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?: J.R. Ward vs Lara Adrian

¡Atención! Este artículo contiene algún que otro spoiler.


Personalmente, me encantan las series de La Hermandad de la Daga Negra y La Raza de la Medianoche. Pero habiendo empezado con La Hermandad, no pude evitar ver a los hermanos cuando leía La Raza de la Medianoche. Y es que ambas tienen varios elementos comunes:

- Los personajes son un grupo de guerreros que defienden a su raza unidos como si fueran hermanos. En una directamente se llama La Hermandad, en la otra La Orden.

- En el primer libro de cada serie, el protagonista masculino es el líder del grupo y, en el tercer libro, el miembro más problemático.

- Al resto de la raza no les caen bien los guerreros (salvo determinadas excepciones que confirman la regla).

- Tooodos los guerreros tienen un pasado oscuro e hipertraumático que los ha marcado de por vida. Ahora sí, no te preocupes, que en cuanto encuentres a tu chavala, te vas a descubrir a ti mismo y vas a poder vivir con ello.

- Las chicas siempre, siempre, son de armas tomar. Una menda jamás les tosería a la cara, aunque solo sea por si acaso. La única un poco remilgada es Marissa en La Hermandad, pero tampoco se me ocurriría toserle, porque cuando quiere sabe sacar bien las uñas.

- Los líderes toman la decisión de ampliar la plantilla porque necesitan refuerzos (más personajes = más novelas).

- En ambas series hay: un par de mujeres guerreras, alguien que se queda sin su compañera, que se transforma en vampiro pese a que en principio es imposible, que su arma favorita son los cuchillos, que construye armas, que puede prender fuego a cosas o que es un experto en hackear ordenadores. Y, por supuesto, ambas sedes tienen instalaciones comunes.


Mi novio es más guapo
Pero la mía es más grande













En fin, Pilarín, que si te gusta una te gustará otra. Aunque sí es cierto que cada autora es buena en algunas cosas y en otras no. Por ejemplo, si una mira las fechas de edición, se da cuenta de que Ward empezó antes, con lo cual no puede dejar de pensar que Lara Adrian se inspiró bastante en La Hermandad.
Pero Adrian mejora algunos aspectos, como que a medida que avanzas en la serie no echas en falta saber cómo les va a las parejas anteriores porque salen más a menudo, ya que da mucha importancia a todos los personajes, no solo a los protagonistas.

La guerra en La raza de la Medianoche es más consistente, especialmente según avanzan las novelas, mientras que en La Hermandad sufre bastantes altibajos; solo interesa cuando aparece algún enemigo que destaca (me encanta Lash, creo que es el "malo" mejor creado en mucho tiempo), y esto no ocurre en todas las novelas. Lara Adrian no deja que la guerra decaiga, sino que la aviva, y esto mantiene el interés del lector en más cosas además de en la historia de amor.

Pero al César lo que es del César, La Ward es fantástica e irrepetible. Desde el momento en que empiezas una de sus novelas no puedes parar hasta que terminas y, cuando terminas, quieres más. Te deja saciada pero insaciable, y esto es dificilísimo de conseguir.

En conclusión, a Lara Adrian todavía le queda aprender un poco, mientras que la Ward va aprendiendo a medida que avanza.